El sábado 1 de Septiembre tuve ocasión de participar en una iniciativa llamada Escritores por Ciudad Juarez. Éste es el texto que escribí para la ocasión.
Muñecas de Trapo.
Leo sobre Ciudad Juárez y me lleno de estupor. Veinte años de crímenes que quedan impunes, abogados asesinados, forenses asesinados, periodistas, escritores, asesinados, inocentes encarcelados. Cualquiera que se acerque a la verdad eliminado. Informes dobles, los reales y los "ofociales", cementerios clandestinos, cuerpos eliminados mediantes la "lechada", para no dejar rastro, autoridades que miran hacia otro lado, un mundo al revés donde la vida no tienen ningún valor. Niñas que acuden a la zona centro en busca de trabajo y desaparecen a plena luz del díaa, otras que acuden a las maquiladoras por un salario mísero y con unas condiciones laborales penosas, con la esperanza de poder ir a la universidad y dejar de ser pobres. Incluso en la miseria hay espacio para soñar, para tener esperanza, para creer que ahí fuera hay, existe, un mundo mejor. Una sociedad en la que si te sales de tu rol, te puedes convertir en una muñeca de trapo, secuestrada, violada, torturada y eliminada. Niñas y adolescentes a las que les arrancan la vidaa. Niños que juegan a ser sicarios, para los que la muerte es algo normala y habitual. Un mundo dominado por el terror, arma poderosa, paralizante, disuadoria donde las haya.
¿Cómo se sana una sociedad infectada, corrupta desde sus más altas esferas, dominada por el narcotráfico y familias poderosas enriquecidas a base de la miseria de otros?
Nadie concede a la educación el valor que realmente tiene, no sólo en la formación del individuo, si no también como cimiento sobre el que construir una sociedad mejor, más justa, más sensibilizada, basada en valores universales, donde se desarrolle el sentido de la responsabilidad individual y se enseñe al ser humano a pensar por sí mismo, sin convertirlo en un mono amaestrado, adoctrinado. Una sociedad arraigada en unos valores que nos permitan convivir a todos. La ignorancia es un mal endémico, unido a la miseria, a la corrupción, a los abusos de poder, a una sociedad donde la muerte es la normalidad y la indiferencia de las autoridades ampara a los asesinos y a quienes les protegen. Un mundo al revés, la enajenación como normalidad ante autoridades mudas, sordas y ciegas que perpetúan la miseria y el crimen.
Veinte años de madres elevando un grito desesperado esperando a sus hijas, hijos que esperan a sus madres. Ese grito debe extenderse, recorrero todos los corazones, movilizar todas las conciencias. El ciudano, la sociedad, tiene la obligación y el deber de hacer que quienes elegimos y nos representan se sientan avergonzados. avergonzados de su ineptitud, su ineficacia, su falta de honradez, su inoperancia, sus ansias de poder y lucro personal, de su indiferencia ante el pueblo al que representan, de su indiferencia ante el horror. Esa es la soberanía popular, el poder de la masa individua a individuo. Rebelarse contra el horror, la barbarie, la ignorancia, la injustucua, el abuso de poder, la desigualdad, la intolerancia.
Una vez leí que alguien preguntaba: ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? A lo que alguien respondía: ¿Y el hombre, dónde estaba el hombre?
¿Dónde está el ser humano en Ciudad Juárez? Está en la madre asesinada a okeba luz del día a las puertas del Palacio del Gobierno de Chihuahua mientras realizaba una protesta para pedir justicia por el asesinato impune de su hija. Está en la madre que tras año y medio recibe un ataúd blanco con los huesos de su jija idenitificados por los botones de su camisa, y lo vela públicamente en señal de protesta. Está en las madres que esparan día a día a sus hijas, besas sus fotos y rezan con desesperado fervor para que regresen o Dios les dé fuerzas para soportar lo que sea que les esté ocurriendo. Está en lo shijos que aún preguntan por sus madres y juegan a que hablan con ellas por teléfono. Está en las personas eliminadas por acdercarse demasiado a la verdad. Está en el ciudadano anónimo que cree que un mundo mejor es posible, donde el asesinato no sea lo normal, que no se acostumbra ni acepta vivir en una sociedad enferma, dominada por el terror, que cree en una sociedad construída sobre unos valores universales, donde el conocimiento, la a verdad y la razón, la esencia del ser humano, sean las armas más poderosas frente al miedo, la barbarie y el horror. Que cree que conseguri un mundo mejor es posible y responsabilidad de cada uno lograrlo.
Mujeres de Ciudad Juárez, mártires de Ciudad Juárez, no estáis solas.
www.escritoresporciudadjuarez. net
viernes, 7 de septiembre de 2012
lunes, 13 de agosto de 2012
¿Bendito Guasap?
Hoy en día muchos disfrutamos de una herramienta estupenda en nuestros teléfonos móviles (quién los ha visto y quién los ve). Lo mismo sirve para enviar a tu marido la lista de la compra que para recordarle a una amiga que la tienes presente. Las posibilidades son ilimitadas. Vamos a dejar el mundo adolescente de lado, porque estoy segura que ellos, nuestros adolescente, le dan un uso incendiario.
El Guasap (What´s App) nos mantiene conectados. Pero, ¿hasta qué punto?
Es terriblemente útil para banalidades, e incluso para conversaciones un poco más profundas. Yo las he mantenido con alguna amiga a altas horas de la noche, incluyendo alguna que otra confidencia que queda descafeinada por la limitación del medio.
Es curioso que, a veces, escondidos tras un teclado, sea más fácil compartir ciertas cosas. Cómo añoro los tiempos de los intercabios epistolares, llenos de confidencias en la falsa privacidad que concede la distancia y la hoja de papel en blanco. Ya no existe. Apenas unos pocos nostálgicos (me incluyo entre ellos) siguen recurriendo al papel en blanco para comunicarse, sin ambages, con seres queridos. Cómo echo de menos encontrar en España papelerías con hermosos papeles de futuras misivas llenas del sentimiento que concede la soledad de sentarse a escribir una carta.
Me confieso una devota (y modesta) coleccionista de plumas, y cada vez recurro más al papel o al cuaderno para escribir, aunque luego todo termine en el ordenador (o casi todo). A veces me pregunto qué rastro vamos a dejar a las generaciones futuras, qué va a ser de quellos álbumes y cajas llenos de amarillentas fotos, de aquellas cartas en papel casi transparente de los novios en la mili a las novias. Aquellos retratos dedicados con amor. ¿Qué encontrarán las generaciones futuras? ¿Alguien descubrirá una caja llena de cartas de unos padres recién enamorados? ¿Alguien descubrirá los sentimientos y las confesiones que sólo se vuelcan sobre un papel en blanco?
Tengo algún libro de cartas. Los adoro. Pero no son éstos tiempos para las confesiones epistolares. Yo también tiro de ordenador y guasap. El mail me mantiene en contacto con algún que otro amigo querido, y el guasap con los que más trato. Conversaciones que no dejan huella. Soy partidaria de no poner por escrito nada que uno no sea capaz de decir cara a cara. Para las cosas importante no hay nada como una buena conversación frente a un café o una copa de vino, o un buen paseo. De tú a tú.
Y si no, una hermosa carta, escrita a pluma en un precioso papel, para conservar junto al corazón o para que languidezca, nunca olvidada, en una caja para que las generaciones futuras conozcan un poco mejor el alma de los que les precedieron.
El Guasap (What´s App) nos mantiene conectados. Pero, ¿hasta qué punto?
Es terriblemente útil para banalidades, e incluso para conversaciones un poco más profundas. Yo las he mantenido con alguna amiga a altas horas de la noche, incluyendo alguna que otra confidencia que queda descafeinada por la limitación del medio.
Es curioso que, a veces, escondidos tras un teclado, sea más fácil compartir ciertas cosas. Cómo añoro los tiempos de los intercabios epistolares, llenos de confidencias en la falsa privacidad que concede la distancia y la hoja de papel en blanco. Ya no existe. Apenas unos pocos nostálgicos (me incluyo entre ellos) siguen recurriendo al papel en blanco para comunicarse, sin ambages, con seres queridos. Cómo echo de menos encontrar en España papelerías con hermosos papeles de futuras misivas llenas del sentimiento que concede la soledad de sentarse a escribir una carta.
Me confieso una devota (y modesta) coleccionista de plumas, y cada vez recurro más al papel o al cuaderno para escribir, aunque luego todo termine en el ordenador (o casi todo). A veces me pregunto qué rastro vamos a dejar a las generaciones futuras, qué va a ser de quellos álbumes y cajas llenos de amarillentas fotos, de aquellas cartas en papel casi transparente de los novios en la mili a las novias. Aquellos retratos dedicados con amor. ¿Qué encontrarán las generaciones futuras? ¿Alguien descubrirá una caja llena de cartas de unos padres recién enamorados? ¿Alguien descubrirá los sentimientos y las confesiones que sólo se vuelcan sobre un papel en blanco?
Tengo algún libro de cartas. Los adoro. Pero no son éstos tiempos para las confesiones epistolares. Yo también tiro de ordenador y guasap. El mail me mantiene en contacto con algún que otro amigo querido, y el guasap con los que más trato. Conversaciones que no dejan huella. Soy partidaria de no poner por escrito nada que uno no sea capaz de decir cara a cara. Para las cosas importante no hay nada como una buena conversación frente a un café o una copa de vino, o un buen paseo. De tú a tú.
Y si no, una hermosa carta, escrita a pluma en un precioso papel, para conservar junto al corazón o para que languidezca, nunca olvidada, en una caja para que las generaciones futuras conozcan un poco mejor el alma de los que les precedieron.
miércoles, 11 de julio de 2012
Amor, Amor.
El verano llega cargado de deliciosos aromas de todo tipo: de arena y sol, cervezas refrescantes, tortilla de patata al aire libre, barbacoas, tiempo libre, vacaciones... Pero el verano siempre ha olido a romance.
¿Cuántas futuras parejas se forjarán en las cálidas noches de verano, o a la increíble luz del atardecer dorado? ¿Cuántas de ellas sobrevivirán a ese fuego inicial que se hunde lentamente en la línea del horizonte?
Analizando fríamente las grandes historias de amor, hay un dato inquietante en todas ellas: que terminan mal. Desde el amor platónico, al imposible, del adúltero al incestuoso, del paseajero al no correspondido... Todas las grandes historias de amor son grandes por su componente trágico.
Quizás el amor esté demasiado idealizado.
No sabemos nada de cómo le fue a Cenicienta con el príncipe. ¿Para qué? Esa parte nos la conocemos bien, ¿verdad? ¿Alguien se imagina a Romeo y Julieta discutiendo porque el dulce y apasionado Romeo hace meses que no quita el polvo? El Maestro Shakespeare podría escribir la auténtica tragedia sobre la superficie de los muebles.
Reflexionando sobre la pérdida de la pasión, sobre la insaciable y devoradora rutina... llego a la conclusión de que el amor es siempre imperfecto. Siempre le falta algo. Y posiblemente, esté bien que sea así. Mejor eso que una tragedia para la eternidad, la de los amantes que no pudieron sobrevivir a su pasión, a ese amor incendiario inicial, el que reconoce en el otro la parte desconocida de su ser y permanece para la eternidad en el umbral infranqueable de ese reconocimiento.
Todo lo que se perdieron Romeo y Julieta también forma parte del amor, del amor real, el del día a día, el que sobrevive a la pasión perdida y reencontrada cada cierto tiempo.
Quizás el amor perfecto sea el de la madurez, el que sabe ver en el otro todo lo que realmente hay, sin idealizarlo, y sabe también aceptarlo así. El que sabe reconocer lo imperfecto del amor y lo trata de completar como buenamente puede.
¿Y el polvo de los muebles? Tolerancia, hermanas, tolerancia.
El verano llega cargado de deliciosos aromas de todo tipo: de arena y sol, cervezas refrescantes, tortilla de patata al aire libre, barbacoas, tiempo libre, vacaciones... Pero el verano siempre ha olido a romance.
¿Cuántas futuras parejas se forjarán en las cálidas noches de verano, o a la increíble luz del atardecer dorado? ¿Cuántas de ellas sobrevivirán a ese fuego inicial que se hunde lentamente en la línea del horizonte?
Analizando fríamente las grandes historias de amor, hay un dato inquietante en todas ellas: que terminan mal. Desde el amor platónico, al imposible, del adúltero al incestuoso, del paseajero al no correspondido... Todas las grandes historias de amor son grandes por su componente trágico.
Quizás el amor esté demasiado idealizado.
No sabemos nada de cómo le fue a Cenicienta con el príncipe. ¿Para qué? Esa parte nos la conocemos bien, ¿verdad? ¿Alguien se imagina a Romeo y Julieta discutiendo porque el dulce y apasionado Romeo hace meses que no quita el polvo? El Maestro Shakespeare podría escribir la auténtica tragedia sobre la superficie de los muebles.
Reflexionando sobre la pérdida de la pasión, sobre la insaciable y devoradora rutina... llego a la conclusión de que el amor es siempre imperfecto. Siempre le falta algo. Y posiblemente, esté bien que sea así. Mejor eso que una tragedia para la eternidad, la de los amantes que no pudieron sobrevivir a su pasión, a ese amor incendiario inicial, el que reconoce en el otro la parte desconocida de su ser y permanece para la eternidad en el umbral infranqueable de ese reconocimiento.
Todo lo que se perdieron Romeo y Julieta también forma parte del amor, del amor real, el del día a día, el que sobrevive a la pasión perdida y reencontrada cada cierto tiempo.
Quizás el amor perfecto sea el de la madurez, el que sabe ver en el otro todo lo que realmente hay, sin idealizarlo, y sabe también aceptarlo así. El que sabe reconocer lo imperfecto del amor y lo trata de completar como buenamente puede.
¿Y el polvo de los muebles? Tolerancia, hermanas, tolerancia.
martes, 8 de mayo de 2012
El Milagro de los Lunes
Hay unos cuantos millones de españoles, que cada lunes, esperan, que esta vez sí, ésta sea la semana en que ocurra el milagro tan ansiado y esperado. Detrás, meses de consultar las páginas de empleo, de apuntarse a ofertas, comprobar cada día el estado de sus canddaturas: la empresa ha estado gestionando CVs; la empresa ha incluido su candidatura entre las que siguen en el proceso; la empresa ha descartado su candidatura; la empresa ha estado gestionando CVs... lo que sea que eso significa. Y durante el fin de semana, se alimenta la esperanza, de que alguna de las empresas que tiene tu candidatura entre las que siguen en el proceso, te llame, y consigas la ansiada entrevista, a pesar de que haya doscientas personas inscritas en esa oferta.
La esperanza es muy fuerte. La esperanza y la desesperación. Porque ahora se ha vuelto todo tan impersonal, que la caza y captura de trabajo funciona así. Y así se puede pasar uno meses, navegando, bucenado entre las ofertas, sintiendo un escalofrío las semanas en que en vez de encontrarte con nueve páginas de ofertas, uno se encuentra con tres, y cuando ve que pasan las semanas, no ya los días, las semanas y con ellas los meses, y las ofertas que te tienen incluido siguen igual, uno ya no sabe qué pensar de eso de que la empresa te tenga incluido entre los que siguen en el proceso o que esté gestionando CVs. Tus esperanzas depositadas en una respuesta automática que tiene tu vida en sus manos.
Porque eso de que el amor y la salud es lo más importante es muy bonito. Cuando uno tiene las necesidadas básicas y no tan básicas cubiertas. Porque, desgraciadamente, la salud no paga las facturas, ni te da de comer. Es más, es posible perderla si uno tiene dificultades en cubrir sus necesidadas, ya no sólo materiales sino las necesidades espirituales básicas. En la constitución de EEUU se recoje la libertad y la felicidad como un derecho. Y sin dinero no hay libertad, por lo menos, no en este mundo. Así que hay un montón de españoles que se sienten un poco como muertos en vida, porque su vida está detenida, sus proyectos, sus ilusiones, las cosas, normalmente pequeñas, de las que uno suele disfrutar, están suspendidas en un limbo, a la espera de que la gente que con nuestro voto hemos puesto Ahí, sepa hacer las cosas.
Es bastante indignante.
Es bastante indignante que nos recorten derechos.
Pero antes de seguir, vamos a dejar clara una cosa. Una cosa sobre los derechos.
Cada vez que compramos algo, pagamos impuestos.
Cada vez que llenamos el depóstito, pagamos impuestos. Vaya que sí los pagamos. Y cualquiera que use el coche diariamente para trabajar, lo sabe. Y sabe que paga muchos impuestos.
Cada mes, de la nómina, una cantidad se va en impuestos.
Impuestos que garantizan esos derechos por los que trabajamos todos cada día. Derechos que a todos nos cuestan mucho dinero. Lo que para cualquier mortal es mucho dinero y un serio esfuerzo, para mucha gente es calderilla.
Y eso es muy indignante.
Mucho.
Así que el hecho de que nos recorten derechos que pagamos todos, en educación y en sanidad, y que sin embargo haya dinero público, de todos los que pagamos y trabajamos, para rescatar un banco es bastante doloroso. Y es más doloroso que esto no sea la primera vez que ocurre, que haya ocurrido antes y permanezcamos impasibles. El país lo mantiene el ciudadano de a pie, el que va a trabajar y lucha cada día por mantener sus ilusiones a flote, el que busca cada mes alguna satisfacción en algún capricho estúpido que desestabiliza su presupuesto, pero que a veces actúa como una tabla de salvación. Cada uno sabrá qué es para cada cual un carpricho, pero la verdad es que hablo de poco dinero, y si hay que poner una cifra, la pongo, a pesar de que yo, como siempre digo, sea de letras, 50, 60, 70€... Pero aquí se aplica el suma y sigue. Cada día todo cuesta más, cada día todos ganamos menos. Algunos no ganan nada.
1€ por receta.
Vamos a hablar de recetas.
Yo he conocido a un enfermo crónico que necesita regularmente comprar medicinas, pero que su situación económica no le permitía disponer de efectivo en la mayor parte del mes. Su medicación cuesta apenas 2€, pero si en tu cuenta bancaria no hay dinero hasta el momento en que cobres tu, en muchos casos del mundo real, exigua nómina, a partir de una fecha no puedes sacar dinero. Nada de dinero. Pero sí puedes pagar con tarjeta. Es decir, no puedes gastar 2€ en una medicación o comprar una barra de pan, pero te puedes gastar 20€ en el supermercado con tu visa. Bueno, cuando se veía en estas situaciones y necesitaba comprar su medicación, cuando tenía que repostar combustible, en otros tiempos no tan lejanos en que ir a la gasolinera no suponía un atraco a mano armada, intentaba hacerlo antes de entrar en reserva y pedía que le echaran una cantidad que sabía no iba a entrar. Mientras tanto, pagaba con su visa la cantida solicitada. Cantidad que no entraba en el depósito, con lo cual en la gasolinera le devolvían en efectivo los 4€ y pico que no entraban. De esa manera disponía de efectivo (cash, para los no iniciados en las vulgares penurias del mundo real) para comprar su medicación.
Esto es para quien dijo que 1€ por receta es menos de un café por día.
Sin comentarios.
La esperanza es muy fuerte. La esperanza y la desesperación. Porque ahora se ha vuelto todo tan impersonal, que la caza y captura de trabajo funciona así. Y así se puede pasar uno meses, navegando, bucenado entre las ofertas, sintiendo un escalofrío las semanas en que en vez de encontrarte con nueve páginas de ofertas, uno se encuentra con tres, y cuando ve que pasan las semanas, no ya los días, las semanas y con ellas los meses, y las ofertas que te tienen incluido siguen igual, uno ya no sabe qué pensar de eso de que la empresa te tenga incluido entre los que siguen en el proceso o que esté gestionando CVs. Tus esperanzas depositadas en una respuesta automática que tiene tu vida en sus manos.
Porque eso de que el amor y la salud es lo más importante es muy bonito. Cuando uno tiene las necesidadas básicas y no tan básicas cubiertas. Porque, desgraciadamente, la salud no paga las facturas, ni te da de comer. Es más, es posible perderla si uno tiene dificultades en cubrir sus necesidadas, ya no sólo materiales sino las necesidades espirituales básicas. En la constitución de EEUU se recoje la libertad y la felicidad como un derecho. Y sin dinero no hay libertad, por lo menos, no en este mundo. Así que hay un montón de españoles que se sienten un poco como muertos en vida, porque su vida está detenida, sus proyectos, sus ilusiones, las cosas, normalmente pequeñas, de las que uno suele disfrutar, están suspendidas en un limbo, a la espera de que la gente que con nuestro voto hemos puesto Ahí, sepa hacer las cosas.
Es bastante indignante.
Es bastante indignante que nos recorten derechos.
Pero antes de seguir, vamos a dejar clara una cosa. Una cosa sobre los derechos.
Cada vez que compramos algo, pagamos impuestos.
Cada vez que llenamos el depóstito, pagamos impuestos. Vaya que sí los pagamos. Y cualquiera que use el coche diariamente para trabajar, lo sabe. Y sabe que paga muchos impuestos.
Cada mes, de la nómina, una cantidad se va en impuestos.
Impuestos que garantizan esos derechos por los que trabajamos todos cada día. Derechos que a todos nos cuestan mucho dinero. Lo que para cualquier mortal es mucho dinero y un serio esfuerzo, para mucha gente es calderilla.
Y eso es muy indignante.
Mucho.
Así que el hecho de que nos recorten derechos que pagamos todos, en educación y en sanidad, y que sin embargo haya dinero público, de todos los que pagamos y trabajamos, para rescatar un banco es bastante doloroso. Y es más doloroso que esto no sea la primera vez que ocurre, que haya ocurrido antes y permanezcamos impasibles. El país lo mantiene el ciudadano de a pie, el que va a trabajar y lucha cada día por mantener sus ilusiones a flote, el que busca cada mes alguna satisfacción en algún capricho estúpido que desestabiliza su presupuesto, pero que a veces actúa como una tabla de salvación. Cada uno sabrá qué es para cada cual un carpricho, pero la verdad es que hablo de poco dinero, y si hay que poner una cifra, la pongo, a pesar de que yo, como siempre digo, sea de letras, 50, 60, 70€... Pero aquí se aplica el suma y sigue. Cada día todo cuesta más, cada día todos ganamos menos. Algunos no ganan nada.
1€ por receta.
Vamos a hablar de recetas.
Yo he conocido a un enfermo crónico que necesita regularmente comprar medicinas, pero que su situación económica no le permitía disponer de efectivo en la mayor parte del mes. Su medicación cuesta apenas 2€, pero si en tu cuenta bancaria no hay dinero hasta el momento en que cobres tu, en muchos casos del mundo real, exigua nómina, a partir de una fecha no puedes sacar dinero. Nada de dinero. Pero sí puedes pagar con tarjeta. Es decir, no puedes gastar 2€ en una medicación o comprar una barra de pan, pero te puedes gastar 20€ en el supermercado con tu visa. Bueno, cuando se veía en estas situaciones y necesitaba comprar su medicación, cuando tenía que repostar combustible, en otros tiempos no tan lejanos en que ir a la gasolinera no suponía un atraco a mano armada, intentaba hacerlo antes de entrar en reserva y pedía que le echaran una cantidad que sabía no iba a entrar. Mientras tanto, pagaba con su visa la cantida solicitada. Cantidad que no entraba en el depósito, con lo cual en la gasolinera le devolvían en efectivo los 4€ y pico que no entraban. De esa manera disponía de efectivo (cash, para los no iniciados en las vulgares penurias del mundo real) para comprar su medicación.
Esto es para quien dijo que 1€ por receta es menos de un café por día.
Sin comentarios.
lunes, 13 de febrero de 2012
La Masa Crítica.
Hace unos años escribí un relato titulado La Masa Crítica. Parece ser que en física, cuando un número de partículas, células, componentes de un todo mayor, comienzan a comportarse de una manera, al alcanzar un número suficiente, todas las demás partículas, células o componentes de ese todo cambian también.
Esta ha sido una semana extraña, una de esas semanas en las que las pequeñas y devastadoras injusticias cotidianas de la vida le hacen a una darse de bruces con EL SISTEMA, no contra el Sistema, en minúsculas, si no contra EL SISTEMA en arrolladoras mayúsculas. De todos los sentimientos que generan este tipo de situaciones la impotencia, perdón, LA IMPOTENCIA, es el peor, porque la impotencia siempre viene en arrolladoras mayúsculas, ya que a uno le hacen sentirse completamente minúsculo ante EL SISTEMA, fortaleza inexpugnable.
Vivimos en un mundo terrible, sólo hace falta ver los informativos y comprobarlo. Aún así, estoy convencida en mi pequeñez de que si el mundo, la humanidad, todavía sigue en pie, es porque existe un mayor número de buenas personas, mínúsculas en su esfuerzo cotidiano, que mantienen ese equilibrio. Si no, hace mucho, mucho tiempo que nos habríamos eliminado. Siempre me sorprende cómo la vida se abre paso entre las grietas del asfalto, cómo se apodera de una casa en ruinas, cómo se impone triunfal y lo invade todo.
Mucho se habla del fin del mundo para dentro de nada, algunos hablan de que lo que se va a dar es un cambio de paradigma. Quizás vivamos en una sociedad adormecida, pasiva, que permite y consiente demasiadas cosas, sobre todo siempre y cuando a uno no le afecten, pero se han alzado voces. Quién sabe si es el momento de alcanzar la Masa Crítica y producir un cambio sustacial como sociedad.
Quién sabe.
Esta ha sido una semana extraña, una de esas semanas en las que las pequeñas y devastadoras injusticias cotidianas de la vida le hacen a una darse de bruces con EL SISTEMA, no contra el Sistema, en minúsculas, si no contra EL SISTEMA en arrolladoras mayúsculas. De todos los sentimientos que generan este tipo de situaciones la impotencia, perdón, LA IMPOTENCIA, es el peor, porque la impotencia siempre viene en arrolladoras mayúsculas, ya que a uno le hacen sentirse completamente minúsculo ante EL SISTEMA, fortaleza inexpugnable.
Vivimos en un mundo terrible, sólo hace falta ver los informativos y comprobarlo. Aún así, estoy convencida en mi pequeñez de que si el mundo, la humanidad, todavía sigue en pie, es porque existe un mayor número de buenas personas, mínúsculas en su esfuerzo cotidiano, que mantienen ese equilibrio. Si no, hace mucho, mucho tiempo que nos habríamos eliminado. Siempre me sorprende cómo la vida se abre paso entre las grietas del asfalto, cómo se apodera de una casa en ruinas, cómo se impone triunfal y lo invade todo.
Mucho se habla del fin del mundo para dentro de nada, algunos hablan de que lo que se va a dar es un cambio de paradigma. Quizás vivamos en una sociedad adormecida, pasiva, que permite y consiente demasiadas cosas, sobre todo siempre y cuando a uno no le afecten, pero se han alzado voces. Quién sabe si es el momento de alcanzar la Masa Crítica y producir un cambio sustacial como sociedad.
Quién sabe.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Un día perfecto
o
La magia de las palabras.
Septiembre llegó cargado de promesas, regalos inesperados y expectativas. Como siempre, porque desde siempre, ese es el olor de septiembre para mí. El mes de los nuevos comienzos.Todavía se podía disfrutar de días de sol y luz, así que nos preparamos y nos fuimos a la playa. Las chicas. Me encantaba como ibas de mi mano, con tu mono de playa y tus sandalias de goma,el cubo colgado de tu mano izquierda, la derecha agarrada a la seguridad de tu madre, y caminabas con tus pasitos titubeantes, seria y concentrada. A veces nos deteníamos, te colocabas bien el cubo o lo agarrabas mejor y luego seguíamos.
- ¡Agua!- decías cuando veías el mar desde lo alto de las escaleras al tiempo que lo
señalabas con tu manita.
Y allí te encaminabas decidida y con paso firme de bebé, sin prisa. Bajábamos las
escaleras de una en una y saludabas a la gente que te cruzabas al subir. ¡Hola! Les decías.
Ya te habías aprendido todo el ritual de llegar a la playa, pero apenas yo dejaba la bolsa sobre nuestro pedacito de arena, sacabas de tu cubo tus moldes y tu pala, el rastrillo lo habíamos perdido en la expedición anterior, y entonces yo te decía que había que esperar y empezaba a quitarte la ropa, cambiarte el pañal por uno para el agua, uno que tenía a Coco, tu biquini, el gorro y algo muy importante, la crema protectora antes de que estuvieras llena de arena.
- ¡No, no...!-me decías cuando te la extendía por la cara.
Y yo insistía y te decía que había que darse la crema para que el sol no te hiciera pupa, y aunque no te convencía, de alguna manera conseguía darte la crema.
Y allí mismo te ponías con tu cubo, tus moldes, tu pala y tus manos a jugar, perdida en tu mundo de entretenimiento puro. En dos minutos ya estabas llena de arena. El tiempo que yo tardaba en poner la sombrilla, guardar la ropa y dejarle un mensaje a aita para que supiera que sus chicas estaban en la playa y nos viniera a buscar.
- ¡Ama!,- me decías a veces, y me señalabas un molde para que te hiciera un pastel de
arena que rompías de la misma.
Y así pasábamos el rato, tú entretenida con tu arena y yo mirándote, disfrutando del
momento, bajo la caricia del sol y acompañada por el constante rumor de las olas en la orilla. Y atraída por ese incesante ir y venir decidí atrapar ese instante, guardarlo para siempre. Quería tener un bote de cristal y meternos a las dos en él, sombrilla incluida, con el horizonte y las olas de fondo, ponerle la tapa y mirarlo como quien mira una bola de cristal, de esas que se agitan y cae nieve o purpurina. Desde que habías nacido había vivido muchos momentos así, pero la memoria tiene sus trampas, crees que jamás los olvidarás, pero luego se pierden en el olvido informe, amalgamados entre mil vivencias anodinas y rutinarias. Era una obsesión atrapar los
recuerdos que se mostraban esquivos la mayoría de las veces, así que la única forma de guardar aquel recuerdo era escribirlo, capturarlo del olvido y hacerlo real mil veces cada vez que lo leyera. También quedaría para ti, para que algún día recordaras un día de playa. No hay fotografía que atrape ese instante y si la hay yo no sé tomarla. Esta es la única forma que conozco de atrapar la realidad y conservarla, volver a revivir la sensación de la brisa y su sabor a sal, el sol brillando sobre el mar de septiembre, y tú, tan hacendosa, con tu gorro y tu biquini de flores jugando con la arena.
Luego me dijiste ¡Agua! Y extendiste tu manita llena de arena para que fuéramos a la
orilla, y hacia allí fuimos. No tenías miedo del agua, te encantaban las olas, no te importaba que te arrastraran aferrada a mi mano, pero no te gustaba nada que aprovechara para limpiarte la arena. Cada vez que venía una ola y te hacía saltar por encima de ella chillabas encantada y pataleabas en el aire y tu risa estallaba y se perdía con el ruido del mar. Y así podíamos estar un buen rato.
- ¿Volvemos a la arena? ¿Volvemos a la toalla?- te preguntaba cuando pensaba que podías tener frío.
- No, - me contestabas,- ¡Agua!
Y pateabas el suelo para que te volviera a hacer saltar por encima de las olas. Tu risa se metía en mi piel y me esponjaba de gozo. Y volvía a ser una niña, disfrutando de las cosas sin más, haciendo de algo tan sencillo como saltar las olas, lo más divertido del mundo. Y yo aprendía, aprendía a centrarme, a estar en el aquí y el ahora, sin más, a ser feliz con muy poco. O con tanto.
Cuando tuviste suficiente, te giraste y regresamos a la arena. Te arropé con una toalla contra mí para que no te quedaras fría y te dormiste en la teta.
Mientras dormías pude hacer una de las cosas que más me gusta hacer en la playa bajo
una sombrilla, que es leer. Terminé una novela con la que estaba disfrutando mucho, una historia de esas que da pena terminar y cuando lo haces vuelves la página esperanzada para ver si hay algo más, una última perla, algo, que te hayas dejado. Luego, todavía empapada de la historia que acababa de terminar y mientras esperábamos a tu padre, me dediqué a dejarme acunar por el rumor de las olas y contemplar la playa bajo la luz tamizada del atardecer de septiembre. Sin más.
Fue un día perfecto que atrapo para ti y para mí en un pedazo de papel, para que vuelva a ser real y vuelvas a vivirlo cada vez que lo leas.
Esa es la magia de las palabras.
lunes, 20 de junio de 2011
Mi palabra favorita del español.
Querétaro. Esa ha sido la palabra del español favorita más votada.
Pues para mí, ahora es "hija". La palabra imposible de pronunciar durante años, la improbabilidad que luchó contra natura, la superviviente que venció mil obstáculos, llena mi boca cada día y cada día la pronuncio cientos de veces, y cada una de esas veces mi ser se ilumnina con sus sonrisas y carcajadas.
Cuando llego a casa cada noche y dejo fuera todo lo demás, es ella la que me espera con los brazos abiertos y sus palabrejas apenas esbozadas. Maravilloso que alguien se haga entender con tanta claridad y con tan poco. Me devuelve a la realidad y a todo lo que importa.
Gracias por todo lo que me das sin saberlo.
Te quiero, hija.
Pues para mí, ahora es "hija". La palabra imposible de pronunciar durante años, la improbabilidad que luchó contra natura, la superviviente que venció mil obstáculos, llena mi boca cada día y cada día la pronuncio cientos de veces, y cada una de esas veces mi ser se ilumnina con sus sonrisas y carcajadas.
Cuando llego a casa cada noche y dejo fuera todo lo demás, es ella la que me espera con los brazos abiertos y sus palabrejas apenas esbozadas. Maravilloso que alguien se haga entender con tanta claridad y con tan poco. Me devuelve a la realidad y a todo lo que importa.
Gracias por todo lo que me das sin saberlo.
Te quiero, hija.
viernes, 10 de junio de 2011
Me asomo a la sección de empleo del periódico (la cosa está muy malita)y me encuentro con que piden en varios anuncios médica o médico, técnica o técnico, incluso fresadora o fresador (nótese que siempre la dama por delante, en eso no hace falta igualdad). Pero algún discriminador insensible ( o alguna discriminadora insensibla) (No, no es un error, quiero poner y pongo insensibla. ¿Se pueden poner dos paréntesis seguidos?), decía que algún discriminador insensible pide un ORTODONTISTA. Corrijo, en realidad piden 1 Ortodontista, con número, no con artículo indeterminado, que se ha vuelto del todo politicamente incorrecto.
Como músico se me ocurren un montón de profesiones en "femenino": pianista, violinista, cellista, violista, flautista, oboista, fagotista, trompetista, trombonista, percusionista, contrabjista, arpista, saxofonista, guitarrista, tubista... no me gustaría discriminar a ningún compañero, pero seguro que me dejo a alguien. Istas por todos sitios y ningún isto, aunque sí demasiado listo o lista por el mundo. No hay pianistos, pero sí pianistas y ninguno nos hemos sentido discriminados a lo largo de la historia, ni siquiera cuando ser pianista mujer era algo muy poco común.
Y digo que soy músico, no música. Música es el nombre del noble y grandioso arte.
Con la que está cayendo ahí fuera y que andemos con estas gilipolleces. Porque creo que no tienen otro nombre. O sí: bobería, ceporrez, estupidez, guajería, idiotez, imbecilidad. Aunque creo que el problema es que nos están tomando por tontos, o lo que es lo mismo, por cretinos, estólidos, estultos, fatuos, ignorantes (o ignorantas, cuidado), imbécil (o imbécilas), lerdos, mentecatos o necios.
En cualquier caso creo que somos ridículos y absurdos.
Como músico se me ocurren un montón de profesiones en "femenino": pianista, violinista, cellista, violista, flautista, oboista, fagotista, trompetista, trombonista, percusionista, contrabjista, arpista, saxofonista, guitarrista, tubista... no me gustaría discriminar a ningún compañero, pero seguro que me dejo a alguien. Istas por todos sitios y ningún isto, aunque sí demasiado listo o lista por el mundo. No hay pianistos, pero sí pianistas y ninguno nos hemos sentido discriminados a lo largo de la historia, ni siquiera cuando ser pianista mujer era algo muy poco común.
Y digo que soy músico, no música. Música es el nombre del noble y grandioso arte.
Con la que está cayendo ahí fuera y que andemos con estas gilipolleces. Porque creo que no tienen otro nombre. O sí: bobería, ceporrez, estupidez, guajería, idiotez, imbecilidad. Aunque creo que el problema es que nos están tomando por tontos, o lo que es lo mismo, por cretinos, estólidos, estultos, fatuos, ignorantes (o ignorantas, cuidado), imbécil (o imbécilas), lerdos, mentecatos o necios.
En cualquier caso creo que somos ridículos y absurdos.
martes, 7 de diciembre de 2010
Muchas veces, cuando paro un poco, no entiendo el mundo en el que vivimos. Por un lado parece que las personas nos estamos alejando de nuestra esencia, como si separáramos la carne del hueso, pero ahí seguimos todos, encantados con nuestra pantomima. Son malos momentos para muchas cosas estos. Hay quien dice que los momentos de crisis son a veces el acicate que se necesita para dar un giro, para replantearnos las cosas, que son los exámenes que nos plantea la vida, a ver qué tal vamos con la materia, para que no nos dejemos llevar por la corriente automática. Otras veces, es muy complicado salir de esa corriente automática, porque la vida real con sus necesidades y sus exigencias tira de tí. Y cuando hablo de necesidades y exigencias, me refiero a necesidades y exigencias reales y básicas. Me temo que estos conceptos también han variado bastante. Quizás es que vivimos inmersos en corrientes variadas que no terminan de cuajar en nosotros. Bombardeados por infomación de todo tipo, sabemos de la importancia de reciclar, de los productos naturales y la agricultura biológica, del consumo responsable... Ay, el consumo, malos momentos estos, con las tiendas llenas de gente, de empujones (sobre empujones y cortesía básica habría mucho que hablar, quizás algún día me lance). No sé los demás, pero yo convivo en mi minúscula cocina con tres bolsas de diferentes colores para recilcar los diferentes materiales, en una especie de desorden controlado (hay que bajar el papel o el cristal o los envases o las tres cosas a la vez, y parece que una vez que eso ocurra, el orden volverá, pero eso nunca ocurre porque la bolsa se vuelve a llenar). Todos sabemos de la importancia de bajar un poco el ritmo y disfrutar de las pequeñas e importantes cosas en nuestras vidas, de que no siempre más es más, de volver un poco a nuestras raíces naturales, nuestra esencia... Hermosas palabras.
Mi hija tiene casi catorce meses y sigue lactando. Ayer tuvimos que comer fuera de casa y fui plenamente consciente de todos y cada uno de los codazos cuando alguien se daba cuenta de que daba de mamar a mi hija. Recuerdo que durante los primeros meses, me abrumaba el pensar que sólo disponía de dieciséis semanas para poder amamantarla. Luego la incorporación al trabajo no se dio, es decir, yo renuncié a un trabajo con unas condiciones que no respetaban al individuo ni me permitían tener una vida mínimamente normal, y mucho menos, disfrutar de mi hija y atenderla como debía y quería. Y para quienes saquen sus cuentas y empiecen con la cantinela de que eso es muy fácil de hacer cuando se cuenta con recursos, les diré que no, que no disfrutaba de esa situación. Meses depués, tuve oportunidad de incorporarme a otro tipo de trabajo que me permite seguir dando pecho a mi hija. Y así seguimos.
No nos comparemos con otros países porque salimos perdiendo en muchos casos. Sólo diré que la OMS recomienda la lactancia hasta los dos años. En cualquier caso es algo que disfrutamos mi hija y yo y tan natural como respirar, ahora que se va a poder respirar libremente en cualquier sitio. No es que me afecten los codazos, pero no puedo dejar de revolverme contra algo que me resulta incoherente e incomprensible. Quizás es que la esencia del ser humano sea precisamente esa, la incoherencia.
martes, 14 de septiembre de 2010

Septiembre huele a nuevos comienzos, a esperanzas renovadas, a promesas nuevas y eternas, a segundas oportunidades.
Septiembre huele a libros y cuadernos nuevos, a páginas en blanco, a limpieza de alma, a reflexión.
Septiembre huele a noches tempranas y frescas, a mañanas con tazas calientes entre las manos mientras empañamos el cristal de la ventana, al primer abrazo de la lana al anochecer, a naranja y canela.
Septiembre huele a planes y agendas en blanco, a tiempo por delante, a últimas caricias de sol, a rocío.
Septiemnre huele a desorden y orden, a continuo, a ciclo, a regreso, a punto de partida.
Septiembre huele a oportunidad.
martes, 7 de septiembre de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
Fiestas Estivales
Este fin de semana he tenido ocasión de disfrutar de las fiestas patronales de uno de los cientos de pueblos de nuestra geografía. Acompañando a mi sobrina tuve la ocasión de comprobar que entre las acitivdades programadas para los niños se encontraban, para mi asombro, soltar un cerdito atado con una cuerda entre más de cincuenta niños de edades diversas para atraparlo o hacer algo parecido con terneritos lechales, que en su desesperación trataban de protegerse de la manera que su instinto buenamente les dictaba. Los chillidos del cerdito y los mugidos de los teneros del tamaño de un perro de buena alzada, hicieron que dejara de contemplar semejantes entretenimientos, ya que no soporto el sufrimiento de ningún tipo. Aún así, me sorprende que en sociedades supuestamente avanzadas, en vez de fomentar el respeto a los animales y la naturaleza, se siga cultivando esta forma de entretenimiento a costa del sufrimiento de la cría de un animal. Avanzar hacia una sociedad cada vez más humanizada también implica inculcar unos valores que fomenten el respeto por todas las formas de vida. Una cosa es que nos sirvan de alimento y otra muy distinta disfrutar aterrorizando a la cría de un animal con la excusa de las fiestas locales. Hay tradiciones y tradiciones. Yo nunca había visto nada parecido en primera persona y eso que se trataba de las fiestas de uno de los escenarios de mi infancia.
viernes, 5 de febrero de 2010
Sobre los finales felices.
Muchas gente me ha preguntado el por qué del "final feliz" de La Vida Privada de los Seymour. ¿Feliz? Es posible, pero con un coste. Para mí era importante que Audrey saliera adelante por sí misma, sin que nadie disfrazado de príncipe encantador viniera a salvarla.
Esto me hizo preguntarme por qué leo. Personalmente, creo que no hay nada peor que un libro te deje mal sabor de boca, como si el autor hubiera querido castigar a sus personajes poniéndoles la miel en los labios para luego quitársela. Bien es cierto, que la vida a veces es así. Pero, ¿leemos para ver la vida fielmente reflejada en las páginas de un libro?
Busqué entre las razones que nos hacen leer, o que me hacen leer, y encontré unas cuantas: para entretenerme, para aprender, para buscar inspiración, consuelo o esperanza, o similitudes. O todas estas cosas a la vez. Para soñar. Para vivir otras vidas. En definitiva, para descubrirme y conocerme. Quizás la primera razón, la del entretenimiento, la más obvia, sea la menos importante. El que devora un libro página a página, entra en la historia, vive a través de los personajes, sufre y se alegra a través de sus vivencias, no busca sólo entretenimiento. Estoy convencida de que en las páginas de un libro nos buscamos a nosotros mismos. Por eso nos dejan tan mal sabor de boca los finales no felices. Necesitamos saber que hay esperanza, otra oportunidad, necesitamos energía y esperanza para levantarnos de la cama cada mañana. Necesitamos una razón para seguir.
¿Final feliz o abrir una puerta a la esperanza y a las segundas oportunidades?
Necesitamos creer que hay un orden que se mantiene, que los malos son castigados por sus actos y los buenos se ven recompensados de alguna manera. Necestiamos motivación para seguir adelante con nuestras vidas. Si no, ¿para qué tanta lucha? ¿Para qué tanto esfuerzo? En el mundo en el que vivimos, ¿qué compensación tiene hacer "lo correcto", ser buena persona?
Estoy convencida de que la Humanidad sigue y se mantiene por toda la buena gente que hay en ella, anónima y pequeña, haciendo "lo correcto", lo que sea que eso signifique, a pesar del odio, del dolor,de la ambición, de dirigentes megalómanos y desastres naturales.
Lo que me hace levantarme por las mañanas es la esperanza, la esperanza de que hoy podré hacerlo mejor. Un poco mejor, con eso es suficiente.
¿Por qué un final feliz? Porque para finales no felices ya está la realidad.
Y hablando de todo un poco, ya se puede encontrar La Vida Privada de los Seymour en edición de bolsillo.
Un abrazo a todos.
Esto me hizo preguntarme por qué leo. Personalmente, creo que no hay nada peor que un libro te deje mal sabor de boca, como si el autor hubiera querido castigar a sus personajes poniéndoles la miel en los labios para luego quitársela. Bien es cierto, que la vida a veces es así. Pero, ¿leemos para ver la vida fielmente reflejada en las páginas de un libro?
Busqué entre las razones que nos hacen leer, o que me hacen leer, y encontré unas cuantas: para entretenerme, para aprender, para buscar inspiración, consuelo o esperanza, o similitudes. O todas estas cosas a la vez. Para soñar. Para vivir otras vidas. En definitiva, para descubrirme y conocerme. Quizás la primera razón, la del entretenimiento, la más obvia, sea la menos importante. El que devora un libro página a página, entra en la historia, vive a través de los personajes, sufre y se alegra a través de sus vivencias, no busca sólo entretenimiento. Estoy convencida de que en las páginas de un libro nos buscamos a nosotros mismos. Por eso nos dejan tan mal sabor de boca los finales no felices. Necesitamos saber que hay esperanza, otra oportunidad, necesitamos energía y esperanza para levantarnos de la cama cada mañana. Necesitamos una razón para seguir.
¿Final feliz o abrir una puerta a la esperanza y a las segundas oportunidades?
Necesitamos creer que hay un orden que se mantiene, que los malos son castigados por sus actos y los buenos se ven recompensados de alguna manera. Necestiamos motivación para seguir adelante con nuestras vidas. Si no, ¿para qué tanta lucha? ¿Para qué tanto esfuerzo? En el mundo en el que vivimos, ¿qué compensación tiene hacer "lo correcto", ser buena persona?
Estoy convencida de que la Humanidad sigue y se mantiene por toda la buena gente que hay en ella, anónima y pequeña, haciendo "lo correcto", lo que sea que eso signifique, a pesar del odio, del dolor,de la ambición, de dirigentes megalómanos y desastres naturales.
Lo que me hace levantarme por las mañanas es la esperanza, la esperanza de que hoy podré hacerlo mejor. Un poco mejor, con eso es suficiente.
¿Por qué un final feliz? Porque para finales no felices ya está la realidad.
Y hablando de todo un poco, ya se puede encontrar La Vida Privada de los Seymour en edición de bolsillo.
Un abrazo a todos.
martes, 1 de diciembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
La niña del Arco-iris.
Al fin tenemos a Cosima. Ha sido el nombre de la esperanza, de la posibilidad durante tanto tiempo, que se me hace raro pronunciarlo y escucharlo. Ya es realidad. Ya existe. El milagro ha ocurrido. Al fin.
Esta canción (At Last) me acompaña desde hace días, y si es ideal para bailarla a distancia de beso, lo es aún más para acunar a un bebé sintiendo su carita contra la mía y su suave respiración de paz y serenidad.
Qué largo camino. Pero esta vez iba a ser de verdad. Había señales. Cada vez que avanzábamos y Cosima estaba más cerca, aparecía el Arco-iris. Nos acompañó en varias ocasiones, cuando íbamos a las temidas revisiones o cuando nos tomamos unos días de descanso.Y así, aprendimos a verlo como un buen presagio. Nunca había visto un arco-iris completo y sin embargo tuve ocasión de verlo dos días seguidos ante mí, como una invitación a pasar bajo su luz multicolor y saber que esta vez todo iba a ir bien. Esta vez sí.
Y aquí está Cosima. Al fin.
No se puede expresar lo que siento cada vez que la miro (¿dejo de mirarla en algún momento?) No existen las palabras. Y lo quiero capturar y plasmar de alguna manera y sé que no puedo, que se me escapa en cuanto lo intento atrapar. Y sólo puedo vivirlo, experimentarlo aquí y ahora. No puedo atraparlo. Y cada vez que hace un ruidito y me acerco a la cuna, no sé dónde cabe tanto amor. Supongo que por eso lloro tanto, porque no cabe y rebosa en forma de lágrimas. Pues que rebose, hija, que rebose.
Cuando estaba cumpliendo (desgraciadamente) con el Bíblico "parirás con dolor", no dejaba de pensar en los millones de mujeres que a lo largo de la Historia habían pasado por aquello, sin paritorios medicalizados, sin epidural, sin ayuda profesional de ningún tipo en la mayoría de los casos. Y no dejaba de pensar en las mujeres que no lo consiguieron, en los bebés que no nacieron. Tenemos la arrogancia de pensar que todo lo hemos inventado este siglo, las mujeres instruidas y emancipadas, las independientes, las que dirigen empresas y países, ganan premios Nobel, luchan en guerras y cambian el mundo, y se nos suele olvidar que los privilegios que disfrutamos hoy, son el resultado del trabajo de miles de almas anónimas que nos precedieron, que con sus vidas y esfuerzo y sufrimiento, fueron construyendo adoquín a adoquín el camino por el que transcurrimos ahora, cada día más ligeras de equipaje.
Así que quería rendir un pequeño homenaje a todas esas mujeres, Creadoras de Vida.
Por ellas. Por mi niña del Arco-iris.
domingo, 20 de septiembre de 2009

Hola a todos,
Me gustaría compartir con vosotros un texto que leí en un programa de radio.
Recientemente, he visto en la televisión un anuncio (ahora se llaman "spots publicitarios") que me ha llegado al corazón. Da igual lo que anuncie. Se trata de una pequeña historia contada por un hombre que cumple 102 años que va a visitar a una recién nacida. Con la voz que sólo puede dar la experiencia de una vida tan larga, trata de dejar a la pequeña un legado muy simple en forma de consejo. Le dice que las dificultades le harán más fuerte, que al final sólo se acordará de las cosas buenas, que no pierda el tiempo en tonterías, que la vida pasa demasiado deprisa para desperdiciarla y que vaya a por lo que le haga feliz. La única pega que le encuentra a la vida es que es demasiado corta. Y algo que no debe olvidar: estás aquí para ser feliz, le dice.
Maravillosas palabras de alguien que podríamos pensar que ha vivido demasiado.
Y aquí estamos todos, luchando con el día a día, con el despertador que nos arranca del sueño, con el trabajo que nos absorbe toda la energía, con la eterna hipoteca, los sueños aplazados, la vida que nos agota, el tiempo que pasa y se lo come todo.
Llama la atención que un sencillo hombre de pueblo de 102 años, tenga esa sabiduría y esas ganas de vivir, mientras que la mayoría de nosotros nos arrastramos por la vida cargados de lastre, que terminamos el día sencillamente deseando que acabe la semana de una vez y llegue pronto el ansiado fin de semana. Y el lunes, vuelta a empezar. Hasta que una mañana ha pasado tanto tiempo que casi no nos reconocemos. ¿Qué ha pasado con la vida?, pensamos.
No me puedo imaginar a este hombre disfrutando de grandes lujos, si no más bien llevando una vida sencilla y posiblemente dura en muchos momentos. Más dura que la nuestra. A pesar de todo, lo que aprecia en la vida es haber nacido, el poder abrazar a su mujer y el haber conocido a sus amigos y haberse podido despedir de ellos. No me lo imagino descubriendo otros países y otras culturas.
Vivimos en un mundo abierto, donde todo está al alcance de la mayoría y si no, hacemos lo posible por que lo esté, donde los pequeños lujos de antes se han convertido en necesidades sin las que no se pueide dar ni un sólo paso. Hay demasiadas cosas que tenemos que tener y hacer. Este es el mundo en que nos ha tocado vivir y debemos aceptar la responsabilidad de que nosotros lo hemos hecho así. A pesar de todo lo que tenemos, de lo fáciles que han llegado a ser algunas cosas, sólo hay que montarse en el metro en hora punta y ver las caras de las personas. Dedicamos demasiada energía y esfuerzo a cosas que no merecen la pena y a la mayoría se nos olvida lo fundamental, la clave, el por qué de tanto despertador, tanta carrera a ninguna parte y tanta lucha por el éxito. Es triste pensar que sólo cuando perdemos lo que nos sostiene lo apreciamos.
Estamos aquí para ser felices. ¿Lo somos realmente?
Quien pudiera desear tan poco y tener tanto.
lunes, 6 de julio de 2009
Del mar y las flores.

Mucha gente me pregunta si estoy escribiendo y qué tal va mi segunda novela. Otra pregunta que me hacen mucho es cuánto tiempo tardé en escribir La Vida Privada de los Seymour. Hay veces que uno lee que fulano tardó once años en escribir tal novela y uno se imagina al escritor durante once años escribiendo sin descanso entre nubes de humo y con un cenicero a rebosar de cigarrillos a medio fumar.
Uno no siempre está escribiendo su historia. Se llega a puntos de inflexión que requieren más trabajo y ese trabajo es, a veces, apartarse un poco de la historia. Escribir es como cocinar, pero no como hacerse un par de huevos fritos para cenar. Es cocina tradicional. Preparar el fuego, mantener las brasas, dejar que se vaya cociendo a fuego lento y vaya soltando sus jugos, sin forzar.
Hay momentos en que uno no añade páginas a su novela. Pero eso no quiere decir que deje de escirbir. Para llegar a la llave que abra la puerta en el punto de inflexión, uno debe escirbir, escarbar, indagar, desahogarse en el papel, escribir sobre el mar y las flores si hace falta, pero escribir. Eliminar capas de confusión, de ideas preconcebidas o dudas. Lo que sea que esté taponando tu historia. Es difícil aceptar que la mejor forma de avanzar es detenerse y realizar otro tipo de trabajo.
¿Cómo va mi segunda novela? Cociéndose a fuego lento. Entro y salgo de ella, convivo con sus personajes como si tuvieran vida propia, y espero hasta que me permitan entrar de nuevo en sus vidas para contar su historia. No me alejo ni un sólo día de ella. A veces es frustrante, desesperante, pero hay que aceptarlo como parte del proceso. No se puede forzar. Pero eso no tiene nada que ver con dejar de escribir, con cierta disciplina. Con el mar y las flores.
martes, 26 de mayo de 2009

Hola a todos,
Ayer disfruté de una experiencia muy enriquecedora. En la escuela de adultos de Sopelana, dedican un tiempo semanal a leer libros para luego comentarlos desde un punto de vista personal. Alguien propuso mi libro, así que se pusieron en contacto conmigo y me pidieron que asistiera a una de esas puestas en común, cosa que hice encantada.
Esto ocurrió ayer. Asistían unas 20 o 30 personas, la verdad es que los números no son lo mío. Había de todo: gente a la que le había gustado el libro, gente a la que no, gente que se sentía identificada con personajes y situaciones, gente que no... En cualquier caso fue una gran experiencia que disfruté. Es bueno que te lleguen todo tipo de opiniones, no para intentar cambiar, si no para entender y aceptar que a todos no nos gusta lo mismo, ni todos disfrutamos con lo mismo. Y así tiene que ser. Es algo que asumes, que tu historia no tiene por qué gustar a todos, de la misma manera que a mí no me gusta todo lo que leo.
En cualquier caso, me alegro de haber asistido y haber pasado un rato muy agradable con un montón de gente, gente además, que me puedo encontrar por la calle cada día.
Para todos, gracias.
Nos vemos en el blog.
sábado, 21 de marzo de 2009

Hola a todos,
El próximo viernes 27 de marzo, en La Casa del Libro de Bilbao (Alameda de Urkijo, 9), se hará una presentación de La Vida Privada de los Seymour. Me acompañará en un día tan especial el periodista y escritor Alex Oviedo y espero que muchos amigos. Os invito a todos los que podáis venir, a que os acerquéis sobre las 19.00 horas.
Nos vemos allí,
Un beso,
Itsaso
domingo, 1 de marzo de 2009

Bueno, pues La Vida Privada de los Seymour ya está en la calle. Su salida supuso una intensa ronda por diferentes medios de comunicación calculada al milímetro. Pero a lo bueno una se acostumbra rápido. No pude evitar sentirme halagada y mimada mientras iba de una emisora a otra, de un periódico a una cadena de televisión. Y sin tener la menor idea de a quién le está llegando todo eso.
A consecuencia de la publicación del libro también he tenido ocasión de colaborar en alguna publicación de manera puntual. Lo próximo: leer una columna en la radio que es posible que publique en el blog.
Y mientras tanto mi libro está en la calle. Por supuesto, lo primero que hice ese viernes 13 de febrero, fue recorrer las librerías donde suelo comprar y verlo. LLena de orgullo y sorpresa, como no podía ser de otro modo, lo sostuve con una mezcla de miedo y reverencia. Ya no es mío. Ahora vuela libre.
Sólo espero que vuele alto y pueda proporcionar buenos momentos a muchas personas. Con esa intención se creó.
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