lunes, 13 de febrero de 2012

La Masa Crítica.

Hace unos años escribí un relato titulado La Masa Crítica. Parece ser que en física, cuando un número de partículas, células, componentes de un todo mayor, comienzan a comportarse de una manera, al alcanzar un número suficiente, todas las demás partículas, células o componentes de ese todo cambian también.

Esta ha sido una semana extraña, una de esas semanas en las que las pequeñas y devastadoras injusticias cotidianas de la vida le hacen a una darse de bruces con EL SISTEMA, no contra el Sistema, en minúsculas, si no contra EL SISTEMA en arrolladoras mayúsculas. De todos los sentimientos que generan este tipo de situaciones la impotencia, perdón, LA IMPOTENCIA, es el peor, porque la impotencia siempre viene en arrolladoras mayúsculas, ya que a uno le hacen sentirse completamente minúsculo ante EL SISTEMA, fortaleza inexpugnable.

Vivimos en un mundo terrible, sólo hace falta ver los informativos y comprobarlo. Aún así, estoy convencida en mi pequeñez de que si el mundo, la humanidad, todavía sigue en pie, es porque existe un mayor número de buenas personas, mínúsculas en su esfuerzo cotidiano, que mantienen ese equilibrio. Si no, hace mucho, mucho tiempo que nos habríamos eliminado. Siempre me sorprende cómo la vida se abre paso entre las grietas del asfalto, cómo se apodera de una casa en ruinas, cómo se impone triunfal y lo invade todo.

Mucho se habla del fin del mundo para dentro de nada, algunos hablan de que lo que se va a dar es un cambio de paradigma. Quizás vivamos en una sociedad adormecida, pasiva, que permite y consiente demasiadas cosas, sobre todo siempre y cuando a uno no le afecten, pero se han alzado voces. Quién sabe si es el momento de alcanzar la Masa Crítica y producir un cambio sustacial como sociedad.

Quién sabe.

lunes, 5 de diciembre de 2011


Un día perfecto
o
La magia de las palabras.

Septiembre llegó cargado de promesas, regalos inesperados y expectativas. Como siempre, porque desde siempre, ese es el olor de septiembre para mí. El mes de los nuevos comienzos.Todavía se podía disfrutar de días de sol y luz, así que nos preparamos y nos fuimos a la playa. Las chicas. Me encantaba como ibas de mi mano, con tu mono de playa y tus sandalias de goma,el cubo colgado de tu mano izquierda, la derecha agarrada a la seguridad de tu madre, y caminabas con tus pasitos titubeantes, seria y concentrada. A veces nos deteníamos, te colocabas bien el cubo o lo agarrabas mejor y luego seguíamos.
- ¡Agua!- decías cuando veías el mar desde lo alto de las escaleras al tiempo que lo
señalabas con tu manita.
Y allí te encaminabas decidida y con paso firme de bebé, sin prisa. Bajábamos las
escaleras de una en una y saludabas a la gente que te cruzabas al subir. ¡Hola! Les decías.
Ya te habías aprendido todo el ritual de llegar a la playa, pero apenas yo dejaba la bolsa sobre nuestro pedacito de arena, sacabas de tu cubo tus moldes y tu pala, el rastrillo lo habíamos perdido en la expedición anterior, y entonces yo te decía que había que esperar y empezaba a quitarte la ropa, cambiarte el pañal por uno para el agua, uno que tenía a Coco, tu biquini, el gorro y algo muy importante, la crema protectora antes de que estuvieras llena de arena.
- ¡No, no...!-me decías cuando te la extendía por la cara.
Y yo insistía y te decía que había que darse la crema para que el sol no te hiciera pupa, y aunque no te convencía, de alguna manera conseguía darte la crema.
Y allí mismo te ponías con tu cubo, tus moldes, tu pala y tus manos a jugar, perdida en tu mundo de entretenimiento puro. En dos minutos ya estabas llena de arena. El tiempo que yo tardaba en poner la sombrilla, guardar la ropa y dejarle un mensaje a aita para que supiera que sus chicas estaban en la playa y nos viniera a buscar.
- ¡Ama!,- me decías a veces, y me señalabas un molde para que te hiciera un pastel de
arena que rompías de la misma.
Y así pasábamos el rato, tú entretenida con tu arena y yo mirándote, disfrutando del
momento, bajo la caricia del sol y acompañada por el constante rumor de las olas en la orilla. Y atraída por ese incesante ir y venir decidí atrapar ese instante, guardarlo para siempre. Quería tener un bote de cristal y meternos a las dos en él, sombrilla incluida, con el horizonte y las olas de fondo, ponerle la tapa y mirarlo como quien mira una bola de cristal, de esas que se agitan y cae nieve o purpurina. Desde que habías nacido había vivido muchos momentos así, pero la memoria tiene sus trampas, crees que jamás los olvidarás, pero luego se pierden en el olvido informe, amalgamados entre mil vivencias anodinas y rutinarias. Era una obsesión atrapar los
recuerdos que se mostraban esquivos la mayoría de las veces, así que la única forma de guardar aquel recuerdo era escribirlo, capturarlo del olvido y hacerlo real mil veces cada vez que lo leyera. También quedaría para ti, para que algún día recordaras un día de playa. No hay fotografía que atrape ese instante y si la hay yo no sé tomarla. Esta es la única forma que conozco de atrapar la realidad y conservarla, volver a revivir la sensación de la brisa y su sabor a sal, el sol brillando sobre el mar de septiembre, y tú, tan hacendosa, con tu gorro y tu biquini de flores jugando con la arena.
Luego me dijiste ¡Agua! Y extendiste tu manita llena de arena para que fuéramos a la
orilla, y hacia allí fuimos. No tenías miedo del agua, te encantaban las olas, no te importaba que te arrastraran aferrada a mi mano, pero no te gustaba nada que aprovechara para limpiarte la arena. Cada vez que venía una ola y te hacía saltar por encima de ella chillabas encantada y pataleabas en el aire y tu risa estallaba y se perdía con el ruido del mar. Y así podíamos estar un buen rato.
- ¿Volvemos a la arena? ¿Volvemos a la toalla?- te preguntaba cuando pensaba que podías tener frío.
- No, - me contestabas,- ¡Agua!
Y pateabas el suelo para que te volviera a hacer saltar por encima de las olas. Tu risa se metía en mi piel y me esponjaba de gozo. Y volvía a ser una niña, disfrutando de las cosas sin más, haciendo de algo tan sencillo como saltar las olas, lo más divertido del mundo. Y yo aprendía, aprendía a centrarme, a estar en el aquí y el ahora, sin más, a ser feliz con muy poco. O con tanto.
Cuando tuviste suficiente, te giraste y regresamos a la arena. Te arropé con una toalla contra mí para que no te quedaras fría y te dormiste en la teta.
Mientras dormías pude hacer una de las cosas que más me gusta hacer en la playa bajo
una sombrilla, que es leer. Terminé una novela con la que estaba disfrutando mucho, una historia de esas que da pena terminar y cuando lo haces vuelves la página esperanzada para ver si hay algo más, una última perla, algo, que te hayas dejado. Luego, todavía empapada de la historia que acababa de terminar y mientras esperábamos a tu padre, me dediqué a dejarme acunar por el rumor de las olas y contemplar la playa bajo la luz tamizada del atardecer de septiembre. Sin más.
Fue un día perfecto que atrapo para ti y para mí en un pedazo de papel, para que vuelva a ser real y vuelvas a vivirlo cada vez que lo leas.
Esa es la magia de las palabras.

lunes, 20 de junio de 2011

Mi palabra favorita del español.

Querétaro. Esa ha sido la palabra del español favorita más votada.

Pues para mí, ahora es "hija". La palabra imposible de pronunciar durante años, la improbabilidad que luchó contra natura, la superviviente que venció mil obstáculos, llena mi boca cada día y cada día la pronuncio cientos de veces, y cada una de esas veces mi ser se ilumnina con sus sonrisas y carcajadas.

Cuando llego a casa cada noche y dejo fuera todo lo demás, es ella la que me espera con los brazos abiertos y sus palabrejas apenas esbozadas. Maravilloso que alguien se haga entender con tanta claridad y con tan poco. Me devuelve a la realidad y a todo lo que importa.

Gracias por todo lo que me das sin saberlo.

Te quiero, hija.

viernes, 10 de junio de 2011

Me asomo a la sección de empleo del periódico (la cosa está muy malita)y me encuentro con que piden en varios anuncios médica o médico, técnica o técnico, incluso fresadora o fresador (nótese que siempre la dama por delante, en eso no hace falta igualdad). Pero algún discriminador insensible ( o alguna discriminadora insensibla) (No, no es un error, quiero poner y pongo insensibla. ¿Se pueden poner dos paréntesis seguidos?), decía que algún discriminador insensible pide un ORTODONTISTA. Corrijo, en realidad piden 1 Ortodontista, con número, no con artículo indeterminado, que se ha vuelto del todo politicamente incorrecto.

Como músico se me ocurren un montón de profesiones en "femenino": pianista, violinista, cellista, violista, flautista, oboista, fagotista, trompetista, trombonista, percusionista, contrabjista, arpista, saxofonista, guitarrista, tubista... no me gustaría discriminar a ningún compañero, pero seguro que me dejo a alguien. Istas por todos sitios y ningún isto, aunque sí demasiado listo o lista por el mundo. No hay pianistos, pero sí pianistas y ninguno nos hemos sentido discriminados a lo largo de la historia, ni siquiera cuando ser pianista mujer era algo muy poco común.

Y digo que soy músico, no música. Música es el nombre del noble y grandioso arte.

Con la que está cayendo ahí fuera y que andemos con estas gilipolleces. Porque creo que no tienen otro nombre. O sí: bobería, ceporrez, estupidez, guajería, idiotez, imbecilidad. Aunque creo que el problema es que nos están tomando por tontos, o lo que es lo mismo, por cretinos, estólidos, estultos, fatuos, ignorantes (o ignorantas, cuidado), imbécil (o imbécilas), lerdos, mentecatos o necios.

En cualquier caso creo que somos ridículos y absurdos.

martes, 7 de diciembre de 2010


Muchas veces, cuando paro un poco, no entiendo el mundo en el que vivimos. Por un lado parece que las personas nos estamos alejando de nuestra esencia, como si separáramos la carne del hueso, pero ahí seguimos todos, encantados con nuestra pantomima. Son malos momentos para muchas cosas estos. Hay quien dice que los momentos de crisis son a veces el acicate que se necesita para dar un giro, para replantearnos las cosas, que son los exámenes que nos plantea la vida, a ver qué tal vamos con la materia, para que no nos dejemos llevar por la corriente automática. Otras veces, es muy complicado salir de esa corriente automática, porque la vida real con sus necesidades y sus exigencias tira de tí. Y cuando hablo de necesidades y exigencias, me refiero a necesidades y exigencias reales y básicas. Me temo que estos conceptos también han variado bastante. Quizás es que vivimos inmersos en corrientes variadas que no terminan de cuajar en nosotros. Bombardeados por infomación de todo tipo, sabemos de la importancia de reciclar, de los productos naturales y la agricultura biológica, del consumo responsable... Ay, el consumo, malos momentos estos, con las tiendas llenas de gente, de empujones (sobre empujones y cortesía básica habría mucho que hablar, quizás algún día me lance). No sé los demás, pero yo convivo en mi minúscula cocina con tres bolsas de diferentes colores para recilcar los diferentes materiales, en una especie de desorden controlado (hay que bajar el papel o el cristal o los envases o las tres cosas a la vez, y parece que una vez que eso ocurra, el orden volverá, pero eso nunca ocurre porque la bolsa se vuelve a llenar). Todos sabemos de la importancia de bajar un poco el ritmo y disfrutar de las pequeñas e importantes cosas en nuestras vidas, de que no siempre más es más, de volver un poco a nuestras raíces naturales, nuestra esencia... Hermosas palabras.

Mi hija tiene casi catorce meses y sigue lactando. Ayer tuvimos que comer fuera de casa y fui plenamente consciente de todos y cada uno de los codazos cuando alguien se daba cuenta de que daba de mamar a mi hija. Recuerdo que durante los primeros meses, me abrumaba el pensar que sólo disponía de dieciséis semanas para poder amamantarla. Luego la incorporación al trabajo no se dio, es decir, yo renuncié a un trabajo con unas condiciones que no respetaban al individuo ni me permitían tener una vida mínimamente normal, y mucho menos, disfrutar de mi hija y atenderla como debía y quería. Y para quienes saquen sus cuentas y empiecen con la cantinela de que eso es muy fácil de hacer cuando se cuenta con recursos, les diré que no, que no disfrutaba de esa situación. Meses depués, tuve oportunidad de incorporarme a otro tipo de trabajo que me permite seguir dando pecho a mi hija. Y así seguimos.
No nos comparemos con otros países porque salimos perdiendo en muchos casos. Sólo diré que la OMS recomienda la lactancia hasta los dos años. En cualquier caso es algo que disfrutamos mi hija y yo y tan natural como respirar, ahora que se va a poder respirar libremente en cualquier sitio. No es que me afecten los codazos, pero no puedo dejar de revolverme contra algo que me resulta incoherente e incomprensible. Quizás es que la esencia del ser humano sea precisamente esa, la incoherencia.

martes, 14 de septiembre de 2010


Septiembre huele a nuevos comienzos, a esperanzas renovadas, a promesas nuevas y eternas, a segundas oportunidades.

Septiembre huele a libros y cuadernos nuevos, a páginas en blanco, a limpieza de alma, a reflexión.

Septiembre huele a noches tempranas y frescas, a mañanas con tazas calientes entre las manos mientras empañamos el cristal de la ventana, al primer abrazo de la lana al anochecer, a naranja y canela.

Septiembre huele a planes y agendas en blanco, a tiempo por delante, a últimas caricias de sol, a rocío.

Septiemnre huele a desorden y orden, a continuo, a ciclo, a regreso, a punto de partida.

Septiembre huele a oportunidad.

martes, 7 de septiembre de 2010

¡Hola a todos!
Está claro que soy un poco torpe con esto de la informática, por que no sé exactamente cómo, he visto comentarios que no he leido!!!
Debe ser esto cuando hablan de magia.
Pronto volveré.